Mes: febrero 2015

Frente a su represión, nuestra solidaridad

Lunes 9 de febrero. Amanece en Tetuán. Para muchos, es un amanecer como otro cualquiera. Para Umberto no. Él sabe que puede ser el último amanecer que vea desde su casa. Frente a su puerta, un nutrido número de activistas dispuestos a resistir para que no le echen de su vivienda. Del otro lado, un número aún mayor de policías que no dudan en desahuciar a Umberto para que el usurero que le engañó añada un piso más a su imperio inmobiliario. Como máquinas programadas, los policías proceden a desalojar el portal para ejecutar el desahucio. Sin embargo, no actúan como máquinas. No se conforman con apartar de su camino a los activistas, sino que emplean contra ellos una brutalidad pocas veces vista en situaciones como esta. El resultado, varios activistas con moratones, esguinces y alguna fisura. Y por supuesto, con Umberto en la calle. Lo que le ha condenado a estar en esa situación fue pedir cuatro mil euros a quien no debía, unas leyes tremendamente injustas, y un juez y policías cómplices de esas leyes. Desgraciadamente, la solidaridad de clase demostrada por los activistas no fue suficiente para detenerles.
Vayamos al jueves 12 de febrero, a Ciudad Lineal. Aún no ha amanecido cuando la calle de Elvira está bloqueada por los antidisturbios. El objetivo es el mismo: echar a Elvira y su familia, incluidos tres hijos menores de edad, de su casa. Esta vez los activistas, más numerosos, deciden esperar dentro del portal. Tras la puerta de la calle, hay otra puerta de cristal tras la cual los activistas deciden resistir. Tras dos horas de espera, llega la comisión judicial. No hay negociación. Bankia exige su propiedad. La policía obedece y entran en el portal, pero son incapaces de abrir la puerta de cristal tras la cual los activistas resisten. La policía se acerca con el ariete amenazando con tirar la puerta abajo, pero los activistas no se mueven, y desisten en el intento. La policía está indecisa, consciente de que si intenta entrar pone serio peligro a las personas que están detrás de la puerta. Pero tras ese momento de duda, que hacía pensar que tenían sentimientos, deciden seguir adelante, rompiendo con una maza el cristal de la puerta, y proyectando trozos del mismo hacía los activistas. Afortunadamente no hubo heridos, tan solo algún corte superficial, pero el resultado fue el mismo: varios activistas identificados y Elvira y su familia, con un bebe de tres meses incluido, en la calle.
Y lo que nos sorprende de estas situaciones la capacidad de Estado para perpetrar estos crímenes, sino lo concienzudos que están siendo últimamente jueces, delegación del gobierno y policía a la hora de llevarlos a cabo. No conocemos los motivos, pero lo que está claro es que estas últimas semanas el nivel de represión ha aumentado. Quizá el objetivo sea inducirnos miedo, o tal vez haya oculto algún rédito electoral que se nos escapa, pero lo cierto es que pocas veces en Madrid la policía había actuado con un nivel tan alto de violencia en cuando se trataba de desahuciar a la gente. Tal vez el objetivo sea que se dejen de ver en la prensa y en televisión imágenes de gente solidaria defendiendo la vivienda de algún vecino frente a los poderes del Estado en connivencia con el poder del capital. Sin embargo, ante el poder de un Estado que vulnera sistemáticamente los derechos de los trabajadores, nuestra única posibilidad es la solidaridad de clase, porque igual que la semana pasada fueron Umberto y Elvira, mañana puede ser cualquier trabajador.

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